A prisión por usar plataformas digitales para divulgar contenido explícito de menores

01 de July, 2026

A prisión por usar plataformas digitales para divulgar contenido explícito de menores

Durante años, cientos de videos y fotografías de niños, niñas y adolescentes sometidos a actividades de tipo sexual circularon de manera masiva a través de canales digitales y correos electrónicos. La red invisible de datos cruzaba las fronteras tecnológicas, alimentando el horror en silencio.




Era un mercado infame de almacenamiento y difusión a gran escala que parecía camuflarse perfectamente en la inmensidad del internet. El material no solo se acumulaba, sino que se reproducía con un ritmo constante en plataformas internacionales, una maquinaria delictiva dedicada a traficar con la inocencia de los menores de edad.


El engranaje de esta operación criminal comenzó a desmoronarse gracias a una alerta internacional compartida por la Oficina de Investigaciones de Seguridad Nacional de Estados Unidos (HSI). El rastro virtual condujo a la Fiscalía General de la Nación y a la Policía Nacional hasta Alexander Vanegas Rojas.


Tras un riguroso trabajo de policía judicial, las autoridades recolectaron las evidencias: 665 archivos compartidos desde diferentes conexiones, una nube digital repleta de dolor que este hombre presuntamente alimentaba desde sus propios dispositivos tecnológicos.


La caída del sospechoso se materializó lejos de sus pantallas. Vanegas Rojas fue capturado mediante orden judicial en el sector Corán de Puerto Salgar, en el departamento de Cundinamarca, donde las autoridades le incautaron dos teléfonos celulares que ahora son pieza clave de la investigación.


Tras su detención, un fiscal de la Seccional Caldas lo presentó ante un juez de control de garantías y le imputó el delito de pornografía con personas menores de 18 años.


Aunque el procesado no aceptó el cargo, la contundencia de las pruebas llevó a que se le dictara medida de aseguramiento en una cárcel.


Todo el andamiaje tecnológico que sostenía el tráfico del material se concentraba en una vivienda en La Dorada, en el departamento de Caldas, el punto exacto desde donde se compartieron los cientos de archivos. 


Fue allí donde se gestó el delito durante varios años, hasta que el anonimato se rompió definitivamente el 5 de junio de 2024, día en que la alerta internacional encendió las alarmas y marcó el principio del fin para esta persona y sus andanzas.