Ibagué en la mira: ¿Qué está pasando con el bienestar emocional de nuestros estudiantes de noveno grado?

12 de September, 2026

Ibagué en la mira: ¿Qué está pasando con el bienestar emocional de nuestros estudiantes de noveno grado?

Columna de opinión escrita por: Yiseth Carina Bejarano Delgado - Docente.


Este es un escrito construido desde el Semillero de Investigación Alteritas de la Normal Superior de Ibagué y pedagogías para la paz. UNIMINUTO, Sede Tolima-Huila.


Los datos preliminares de la prueba “Quiero ser, Quiero saber" aplicada por el Ministerio de Educación Nacional a adolescentes en Colombia, incluido Ibagué deja un panorama preocupante. Para empezar, es importante saber en qué consiste la prueba y el enfoque de esta. La prueba es una estrategia de evaluación formativa que mide cómo están los estudiantes no solo en matemáticas o lenguaje, sino por dentro: cómo se sienten, cómo se relacionan, cómo se ven a sí mismos. 


La prueba no es obligatoria ni cubre a todos los colegios, ya se aplicó en dos momentos distintos en la primera parte del año y está pendiente una tercera aplicación en el mes de octubre, lo que permite ver si las cosas mejoran, empeoran o se estancan con el tiempo. En este escrito, queremos mostrar los principales resultados de las dos primeras aplicaciones como un bosquejo de lo que está sucediendo actualmente en nuestro municipio. 

  
En la primera ronda de la medición participaron 83 instituciones educativas y cerca de 3.946 estudiantes de grado noveno. En la última aplicación, la participación se redujo a 2.180 estudiantes, una disminución cercana al 45 %. Aunque esta reducción merece un análisis particular, también evidencia la necesidad de que la ciudad preste mayor atención a un tema tan relevante para el bienestar y desarrollo de nuestros niños, niñas y adolescentes.


Para comprender el alcance de los resultados, es importante conocer los criterios de interpretación de la escala. Puntajes superiores a 55 indican un nivel estable; entre 45 y 55 representan una alerta moderada; y puntajes iguales o inferiores a 45 ubican a los estudiantes en una zona de riesgo que demanda atención prioritaria.


Sin embargo, el aspecto más relevante del análisis no es únicamente el promedio general, ya que este puede ocultar realidades importantes. Lo verdaderamente significativo es identificar cuántos estudiantes se encuentran en esa zona crítica de 45 puntos o menos. Es precisamente allí donde los resultados obtenidos en Ibagué encienden las mayores alertas.


A continuación, presentamos las tres principales alertas identificadas en los resultados de los estudiantes de grado noveno.


Primera alerta: Autoeficacia académica / los jóvenes están dejando de creer que pueden aprender.


¿Qué significa esta competencia? Es la confianza que tiene un estudiante en sus propias capacidades para aprender y enfrentar retos escolares. Es ese "yo puedo" que impulsa a un joven a seguir adelante cuando una tarea se vuelve difícil.


Para una mejor comprensión, imagina a Sebastián, 15 años, estudiante de un colegio oficial en el sur de Ibagué. Es inteligente, curioso, pero lleva meses sintiéndose perdido en clase. No levanta la mano. Cuando el profesor explica algo que no entiende, no pregunta porque ya asumió que "eso no es para él". Cuando llega el momento de elegir si va a la media académica o técnica, Sebastián elige lo que parece más fácil, no lo que le apasiona. No porque no tenga talento, sino porque ya no confía en sí mismo.


Sebastián no es un caso aislado. El 28,9% de los estudiantes de 9. ° grado en Ibagué, casi 3 de cada 10 estaba en zona de riesgo en esta escala al cierre del periodo evaluado, frente al 23,6% al inicio. Es la competencia más deteriorada de toda la evaluación.


Si esto no se atiende, Sebastián y cientos de jóvenes como él llegarán a los grados 10 y 11 ya resignados. Elegirán carreras por descarte, no por convicción. Y muchos abandonarán antes de terminar, no porque no pudieran, sino porque nadie les ayudó a creer que sí.


Segunda alerta: Conducta prosocial /los estudiantes están dejando de ayudarse entre sí.


¿Qué significa esta competencia? Es la capacidad y disposición para ayudar, compartir, cooperar y ser solidarios con los compañeros, entendiendo que el bienestar colectivo es tan importante como el individual.


Continuando con otro ejemplo, Valentina tiene 14 años y antes era la primera en prestar el cuaderno a quien faltaba a clase, en proponer que hicieran el trabajo en grupo, en quedarse cinco minutos más explicándole algo a una compañera que no había entendido. Hoy eso cambió. No es que Valentina sea mala persona. Es que el ambiente en su salón se fue volviendo cada uno por su lado. Nadie les enseñó a los muchachos que cooperar no es perder, sino ganar juntos.


El porcentaje de estudiantes de 9° en riesgo en esta escala pasó de 20,5% a 27,1% entre la primera y la última aplicación: el mayor incremento de todo el informe. Más de uno de cada cuatro jóvenes muestra una disposición debilitada a compartir, ayudar o colaborar y eso es evidente de un problema de falta de empatía.


Si esto no se trata, el salón de Valentina y el de muchos otros se irá convirtiendo en un espacio de competencia fría o de indiferencia. Y los primeros en sufrirlo serán los estudiantes más vulnerables, los que más necesitan que alguien los sostenga. Una escuela donde nadie ayuda a nadie es también una escuela donde el bullying encuentra menos resistencia, donde el que se queda atrás se queda solo y eso como sociedad tiene un costo bastante alto de fragmentación del tejido social en nuestra ciudad.


Tercera alerta: Diversidad / Crece la dificultad para aceptar a quien es diferente.


¿Qué significa esta competencia? Es la apertura y disposición para aceptar, valorar y convivir pacíficamente con quienes piensan, se ven o actúan diferente a nosotros, reconociendo que nuestras diferencias nos enriquecen.


En este último ejemplo, Miguel llegó hace dos años de un municipio pequeño del Tolima. Habla diferente, se viste diferente, le gustan cosas que a sus compañeros de 9° no les llaman la atención. Al principio hubo curiosidad. Después vino la burla. Luego el silencio. Hoy Miguel come solo en el descanso.


En 9° grado, el porcentaje de estudiantes en riesgo en esta escala pasó de 9,8% a 15,2%: un incremento de 5,4 puntos porcentuales. Ese mismo incremento en 5° grado fue de apenas 1,2 puntos. La adolescencia, los datos lo confirman, es el momento en que la intolerancia se consolida si nadie la interrumpe.


Si esto no se atiende, Miguel y quienes son como él llegarán a la adultez habiendo aprendido que ser diferente es peligroso. Por otro lado, sus compañeros llegarán habiendo aprendido que excluir es normal. Eso no es solo un problema escolar: es el tipo de sociedad que estamos formando.


Estos resultados representan apenas la punta del iceberg. Más que casos aislados, evidencian un patrón preocupante. De las dieciséis competencias socioemocionales evaluadas en grado noveno, catorce empeoraron entre la primera y la segunda medición. El dato resulta aún más significativo si se considera que el deterioro registrado en noveno fue más del doble del observado en quinto grado, cuyos resultados preliminares serán presentados en los próximos días en nuevo escrito.


Los datos muestran que no se trata de la realidad de uno o dos colegios, sino de una tendencia que atraviesa la ciudad y que refleja un debilitamiento de las competencias socioemocionales en la adolescencia. En consecuencia, este panorama exige una respuesta articulada entre la escuela, las familias, la academia, la sociedad civil y las instituciones públicas, mediante acciones y políticas contextualizadas al territorio, si realmente aspiramos a construir una sociedad más empática, resiliente y cohesionada.


Esta columna de opinión es de exclusivo pensamiento de su autor(a) y en nada compromete la línea editorial de este medio de comunicación.