La educación socioemocional, más allá de solo políticas y leyes

20 de September, 2026

La educación socioemocional, más allá de solo políticas y leyes

Columna de opinión escrita por: Ximena Mesa


Este es un escrito construido por el Semillero de investigación en pedagogías para la paz. UNIMINUTO, Sede Tolima-Huila y Alteritas de la Escuela Normal Superior de Ibagué. 


Hay una fotografía que Ibagué ya no puede seguir mirando sin hacer algo al respecto. Los datos preliminares de la estrategia "Quiero ser, Quiero saber", realizada en 2026 por el Ministerio de Educación Nacional, acaba de mostrar algo que muchos no esperaban: el deterioro de las habilidades para relacionarnos con los demás, para entender a otro, trabajar en equipo, tomar decisiones responsables no empieza en el grado noveno, como casi todo el mundo suponía. Empieza mucho antes, en el grado quinto, entre niños y niñas de apenas diez u once años que todavía están en la primaria.


Los datos son sencillos de entender y, precisamente por eso, resultan tan difíciles de ignorar. El primero tiene que ver con la empatía, esa capacidad de ponerse en los zapatos del otro y sentir con él. Entre la primera y la tercera vez que se aplicó la prueba, el porcentaje de estudiantes de quinto grado con dificultades en este aspecto pasó de 6 de cada 100 a casi 10 de cada 100. Es un aumento que crece casi al mismo ritmo que en noveno grado, lo cual quiere decir que este problema no es exclusivo de los adolescentes: ya está presente, y creciendo, entre los niños más pequeños del colegio. Hoy, prácticamente uno de cada diez niños de primaria tiene dificultades reales para comprender lo que sienten sus compañeros, y eso se nota todos los días en la convivencia del salón, en cómo se resuelven o no se resuelven los conflictos entre pupitres.


El segundo dato es todavía más preocupante por su tamaño. Uno de cada cuatro estudiantes de quinto grado tiene dificultades para trabajar en equipo: para escuchar a otro, ponerse de acuerdo, construir algo junto a sus compañeros. Es, de lejos, el problema más extendido entre todos los que mide el estudio. Aunque su crecimiento ha sido un poco más lento que el de la empatía, su tamaño ya no permite mirarlo como una simple señal de alerta. Es un problema instalado, que exige que alguien haga algo concreto, no que se limite a observarlo con preocupación.


El tercer dato completa el cuadro. La capacidad de expresarse con seguridad y respeto, y la capacidad de tomar decisiones responsables, se están deteriorando al mismo ritmo acelerado que la empatía. Si nada cambia, es razonable pensar que estos tres problemas van a seguir creciendo y llegarán a la secundaria convertidos en dificultades mucho más grandes y mucho más difíciles de revertir. Lo que hoy es una semilla en quinto grado, en unos años puede ser un árbol plantado en pleno noveno.


Colombia ya tomó una decisión importante frente a esto. La Ley 2383 de 2024 ordena que la educación emocional y las habilidades para relacionarse con los demás se enseñen en todos los colegios del país, desde el preescolar hasta el último año de bachillerato. Y la Ley 2491 de 2025 va un paso más allá: exige que este componente quede escrito, de manera explícita, dentro del proyecto educativo de cada institución. La norma ya existe. Lo que los datos de Ibagué dejan claro es que esa norma tiene que convertirse ya en una acción urgente y bien dirigida, porque lo que sirve para acompañar a un adolescente de noveno grado no necesariamente es lo que necesita un niño de diez años, y los problemas que empiezan en la primaria no esperan pacientemente a que llegue la adolescencia para volverse más graves.


Es aquí donde la ley encuentra su verdadero sentido. Sin ese respaldo, la educación emocional queda reducida a la buena voluntad de un profesor que decide, por su cuenta, dedicarle unos minutos de su clase. Con la ley, y con datos tan claros como los que hoy tiene Ibagué, se abre la posibilidad de hacer algo distinto: convertir la norma en un programa real, el programa en una rutina de todos los días, y esa rutina, poco a poco, en la cultura de cada colegio. Esto significa que las secretarías de educación usen estos resultados para formar mejor a los docentes, que los rectores abran un espacio en sus reuniones para revisar estas cifras, y que las familias entiendan que preguntarle a un niño "¿cómo te sientes hoy?" no es un capricho ni una pérdida de tiempo, sino una inversión real en la convivencia de mañana.


Esta columna de opinión es de exclusivo pensamiento de su autor(a) y en nada compromete la línea editorial de este medio de comunicación.