Oír de cambio climático en Colombia es recordar una advertencia hecha desde hace varios años sobre el aumento del calor en la tierra y el deshielo de los polos y nevados.
Y es que los efectos de este fenómeno natural han venido afectando los alimentos para nuestra casa. El calor extremo y prolongado en diferentes regiones del país provocan fuertes sequías y emergencias para campesinos que pierden sus fincas, sus cultivos y hasta su ganado.
Por otro lado están las fuertes lluvias que, contrario a sus habituales periodos de tiempo, ahora se demoran más en llegar y suceden de manera corta e intensa, lo que hace que los cultivos se inunden y productos como el plátano, maíz, papa, café, banano, yuca, algunas hortalizas y frutas se dañen.
Esta pérdida de alimentos se traduce en carestía, pues al no haber productos suficientes los precios se elevan y se hace más difícil que muchas familias puedan tenerlos en su mesa.
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), han insistido en que, como se han venido presentando las cosas en los últimos años es inminente relacionar el cambio climático con el hambre.
Si bien las instituciones y el Estado actúan durante y después de los incendios forestales e inundaciones, la FAO y la UNGRD han hecho especial énfasis en que el trabajo ahora se debe enfocar en anticiparse a estos hechos. Es decir, informar insistentemente a las comunidades, tanto vulnerables como no vulnerables, para que eviten con importante antelación quedar expuestos a eventuales emergencias de esta índole. ¿Cómo? Almacenando suficiente agua, protegiendo a los animales y salvaguardando a las familias en lugares distantes de los focos de peligro; además de no arrojar algún tipo de desechos en los campos, vías o ríos.
Una cosa sí parece ser cierta y es que, con los efectos que ha ocasionado el cambio climático en Colombia, resulta ser imperativo que se tomen en cuenta las medidas preventivas promovidas por organizaciones y entidades como la FAO y la UNGRD, porque, de no ser así, empeorarán las cosas en el campo, en las ciudades y en los platos de todos los colombianos.