El campo colombiano entra al sistema

26 de April, 2026

El campo colombiano entra al sistema

Columna de opinión escrita por: Tania Maceto, líder de economía popular.


En Colombia, durante décadas, el campo ha sido sinónimo de esfuerzo silencioso, producción constante y oportunidades limitadas. Sin embargo, un cambio estructural comienza a abrirse paso gracias a la Ley 2046 de 2020, una normativa que busca transformar la forma en que el Estado adquiere alimentos.




Esta ley establece que al menos el 30% de las compras públicas de entidades como el Programa de Alimentación Escolar (PAE), hospitales, cárceles y el ICBF deben provenir de pequeños productores locales y de la Agricultura Campesina, Familiar y Comunitaria (ACFC). Más allá de una cifra, se trata de una apuesta por la soberanía alimentaria, el fortalecimiento de economías territoriales y la dignificación del trabajo campesino.


Hoy, bajo la administración del presidente Gustavo Petro, este mandato comienza a materializarse con mayor claridad. A través de Colombia Compra Eficiente y la plataforma SECOP II, los pequeños productores y microempresarios están siendo incorporados en los Acuerdos Marco de Precios, un instrumento clave que permite a las entidades públicas comprar de manera directa, transparente y eficiente.


Este avance no solo reduce la intermediación —históricamente una de las principales barreras para el productor rural—, sino que también abre la puerta a una participación más equitativa en el mercado institucional. Por primera vez, muchos productores tienen la posibilidad real de convertirse en proveedores del Estado, accediendo a una demanda constante y formal.


No obstante, este momento también plantea un desafío significativo: la organización, la calidad, la capacidad de cumplimiento y la articulación entre productores serán determinantes para sostener y aprovechar esta oportunidad. La ley abre la puerta, pero son los actores del territorio quienes deberán cruzarla con visión empresarial y compromiso colectivo.


Estamos ante un punto de inflexión. El campo colombiano ya no solo produce: comienza a integrarse plenamente en la economía nacional.


El reto es claro. La oportunidad, también.



Esta columna de opinión es de exclusivo pensamiento de su autor(a) y en nada compromete la línea editorial de este medio de comunicación.