Cayó Figueroa por el atraco y muerte de un estudiante

17 de May, 2026

Cayó Figueroa por el atraco y muerte de un estudiante

El flujo de pasajeros subía y bajaba de los articulados durante el ya rito mecánico en la estación de TransMilenio Minuto de Dios, sobre la neurálgica Calle 80 en el occidente de Bogotá.




Entre la multitud estaba un joven universitario, un estudiante con la mente puesta en sus parciales, sus tareas o quizás en el descanso del regreso a casa. No sabía que el destino, vestido de violencia urbana, estaba por cerrarle el paso.


Las cámaras de seguridad del sistema captaron aquel 15 de abril de 2026 el momento exacto en que tres hombres violentaron los accesos de la estación. Entraron sin pagar, pero su verdadero botín era otro. Iban buscando una presa fácil.


Los tres sospechosos interceptaron al estudiante. Hubo palabras de intimidación, un forcejeo torpe y la exigencia perentoria: “Entregue el celular”. Pero el joven se resistió. En un acto de valentía o de simple instinto por proteger lo suyo, se negó a entregar el teléfono.


Fue entonces cuando la sevicia superó a la razón. De acuerdo con información suministrada por la Fiscalía General de la Nación, Harold Figueroa Ballén, un joven de apenas 22 años, sacó un arma cortopunzante y, sin titubear, la hundió en el pecho del estudiante.


El caos se apoderó de la estación. Mientras los agresores huían perdiéndose entre las calles del occidente, la víctima caía al suelo, aferrándose a la vida. Minutos después, en un centro asistencial cercano, el corazón del universitario dejó de latir. Una vida, un futuro profesional, una familia destruida; todo por un pedazo de metal y vidrio. El robo quedó en una tentativa, pero el homicidio fue brutalmente real.


Un trabajo articulado entre el Cuerpo Técnico de Investigación (CTI) y unidades de la Policía Metropolitana de Bogotá permitió armar el rompecabezas. Los registros de video y las evidencias técnicas involucraban a Figueroa Ballén.


La cacería terminó en una calle del barrio Garcés Navas, en la localidad de Engativá. Allí, servidores del CTI le notificaron al sospechoso que su tiempo en libertad se había agotado.


El desenlace judicial de esta primera etapa llegó a los juzgados de Paloquemao. Una fiscal de la Unidad de Vida de la Seccional Bogotá le imputó al involucrado los delitos de homicidio y hurto calificado en grado de tentativa, ambas conductas agravadas.


Sin embargo, la contundencia de las pruebas presentadas por el ente acusador fue suficiente para el juez penal de control de garantías. Ante el peligro que representa para la sociedad, se le impuso medida de aseguramiento en centro carcelario.


Figueroa Ballén esperará el juicio tras las rejas, mientras Bogotá sigue lamentando que la vida de sus jóvenes valga lo mismo que un teléfono celular en una estación de TransMilenio.