Tras la puerta del consultorio privado del doctor Carlos Andrés Tena Reyes se habría roto el pacto de confianza que una paciente deposita en un médico, especialmente en la intimidad de una consulta ginecológica.
Hoy, el respetado especialista ya no viste de blanco ni atiende citas programadas, sino que duerme en una celda tras ser judicializado por la Fiscalía General de la Nación, señalado del presunto delito de abuso sexual en contra de varias pacientes.
La investigación, liderada por una fiscal del Centro de Atención Integral a Víctimas de Abuso Sexual (Caivas) de la Seccional Cundinamarca, comenzó a desanudar una presunta trama de terror psicológico y físico. El patrón, según el expediente, era siempre el mismo: Tena Reyes utilizaba su posición dominante, el prestigio de su profesión y la vulnerabilidad inherente de las mujeres al momento de un examen médico, para doblegarlas.
Hasta el momento, las pesquisas judiciales han logrado documentar el caso de dos víctimas, de 19 y 30 años de edad. Ambas, en distintos tiempos, ingresaron al consultorio buscando respuestas a su salud reproductiva, pero salieron de allí con traumas imborrables.
Según el ente acusador, el ginecólogo aprovechaba el estado de indefensión en el que se encontraban las pacientes durante los procedimientos para someterlas a actos en contra de su integridad, libertad y formación sexual. En uno de los casos denunciados, la Fiscalía confirmó que la víctima fue accedida carnalmente.
La captura del galeno rompió la aparente tranquilidad del barrio San Rafael en el municipio de Zipaquirá, Cundinamarca, donde el consultorio funcionaba.
Durante las audiencias concentradas, la fiscal del caso le imputó formalmente el delito de acceso carnal o acto sexual con incapaz de resistir agravado.
Frente al juez de control de garantías, Carlos Andrés Tena Reyes escuchó los relatos de las víctimas en voz de la Fiscalía. A pesar de la contundencia de los testimonios y los elementos materiales probatorios recaudados por el ente acusador, el procesado miró a la cámara y no aceptó los cargos.
Sin embargo, el peso de la evidencia inclinó la balanza de la justicia. El juez atendió la solicitud de la Fiscalía y cobijó al médico con medida de aseguramiento en establecimiento carcelario.
El consultorio de Zipaquirá hoy permanece cerrado, pero las autoridades mantienen canales abiertos, pues no descartan que bajo el mismo modus operandi existan más mujeres que, por temor o vergüenza, no hayan denunciado el posible infierno de haber vivido circunstancias iguales o similares detrás de aquel biombo médico.
Por ahora, el ginecólogo esperará el juicio en prisión.